“La falta de una iglesia”
Frater “Kaoz” desde México a 24 de mayo de 2026
Tesina del Segundo Grado “Teórico”, Orden Primera del “Colegio Invisible de la Rosacruz”
ריימונדו
Comienza en la observación del sufrimiento y en sus variadas formas de manifestación, aclarando que dichos sufrimientos podrían nacer o sentirse desde la mente hasta su manifestación en las dolencias del cuerpo y padeciendo todo tipo de males que bien podríamos observar en las narraciones contenidas en la Biblia, haciendo referencia a dichas enfermedades que, bien en la actualidad, podríamos comparar con las dolencias psicosomáticas, mismas, que nacen de ese mal llamado ignorancia.
Poniendo como ejemplo la posesión o la lepra, que bien podrían tomarse en diferentes significados, pero en ese momento fueron curadas como el más grande de los milagros por medio de la Palabra de nuestro Señor Jesucristo.
“La Palabra es poder.”
Seamos, nos decimos a nosotros mismos, la imitación de Cristo
para poder curar a todo enfermo, empezando por nosotros mismos, y, sobre todo, al afligido de corazón, ahí donde la medicina moderna no calma los dolores del alma.
Alabemos al Señor mediante la observación de sus mandatos, especialmente la Fe y el Amor; pero sobre todo el Amor, porque en ellos duerme el poder de abrir los mares, subir los cielos y transformar nuestras almas.
Dicho de otra manera: cada fórmula tiene la llave en sí misma; sin embargo, la preparación y aplicación solo es ejecutada por el individuo adecuado, dejando a la Razón el poder que guarda la Palabra del Ser.
Creer en la Palabra es nuestra responsabilidad, así como el sano uso de la misma en: obra, pensamiento y, sobre todo, cuidando la integridad de la omisión. No es lo mismo "lo pensé a propósito" que evitar pensar en ello, cambiando la posibilidad de caer en errores no deseados.
Dejando en manos de nuestro sacerdote interno la emanación de la curación por medio de la Palabra, así como la autoconfesión, con Dios mediante Cristo Jesús, que nos ayudará a evitar todo error,
observando siempre, con el permiso de nuestra Madre Isis, Sophía y Madre Naturaleza, discriminar la verdadera diferencia entre la ilusión y lo real.
Seamos como niños, siempre sonriendo, y con una sonrisa aniquilar el dolor de todo semejante.
Seamos el médico para nuestro hermano, y para nosotros mismos, que sufrimos de los frutos de la ignorancia, donde la cura nace de su interior pero él, nosotros, no lo sabemos.
Imitemos a nuestro Señor Jesucristo, esparciendo el regalo de su bendita Palabra, siempre, por toda la eternidad. Sea su Palabra siempre y nunca la nuestra.
Vivamos con Epifanía.
Vivamos el nacimiento de Cristo Jesús en nuestro corazón.
Vivamos con alegría como una ofrenda a la Divinidad que lo contiene todo.
Vivamos a Cristo en nuestro interior para ser semejantes, mediante su Divina intercesión, a nuestro Creador, tomando carne de su carne y sangre de su sangre por medio de la Eucaristía Espiritual o Comunión con Dios durante la Contemplación.
Cuidemos de nuestro YO verdadero, de Cristo el Señor, evitando todo tipo de disolución. Nadie que te quiera ayudar de verdad te diría que te olvides de ti.
Recuerda: YO SOY, porque todos somos Uno con Dios mediante Cristo Jesús.
Amando, no para ser amados, amando a nuestros semejantes para acercarnos a nuestro Señor Jesucristo, buscando mediante la integración del YO, ahí donde se aguarda el mayor de tus regalos.
Es hora que entremos al templo, echando a todo vendedor de recuerdos, los egos, en el registro del olvido, limpiando con anhelo y regocijo la morada del Señor que mora en ti y en mi, en nosotros.
Escuchemos su Palabra para que podamos abrir el corazón a la intuición del Ser.
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
Sonriendo y con alegría, aun en la adversidad, siempre con optimismo.
Comparte de tu alegría a todo aquel que tenga un día triste.
Sé quien contente al Maestro Interior.
Acuérdate de nuestro Señor: en cualquiera de nuestros días, Él no se olvidará ni de ti ni de mí, de nosotros..
Siempre que tomes la Palabra, ten en cuenta su poder, así como también la forma en que ésta es pronunciada, porque es Luz, Vida y Amor. De esta forma podremos ver a Dios en su Divina esencia, por medio de los misterios que nos guarda en su Naturaleza y forma de manifestación.
El sonido del silencio que influye en todo, que lo compenetra todo, así las maravillosas obras de nuestro Señor a nuestros ojos, esperando por nosotros a ser vistas, a ser comprendidas por la mente para nuestra contemplación de su obra, para la comprensión y preparación como obreros de su viña.
Seamos para el Señor, así como lo es la Palabra en nosotros.
Seamos la Palabra viva como edificación del Espíritu, ahí donde la miel y la leche nacen, ahí donde los talentos duermen esperando a ser despertados para ayudar a nuestros semejantes al alivio del sufrimiento y del dolor en todo aspecto posible.
Toda unión con la Divinidad comienza con:
La Eucaristía.
La unión amorosa.
Sentirnos hijos de Dios.
Así como la muerte y el renacimiento del Espíritu, nunca la reencarnación del yo o personalidad, así pudiendo completar la sabiduría interior.
Añadiendo, a ello, que toda Gnosis es la profundidad de un conocimiento exotérico, externo, que nos muestra su lado esotérico, Interno, y profundo. De ésta manera, encontrar la Gnosis podría ser tarea del investigador: encontrar donde parece nada haber, ver con otros ojos lo que nadie quiere ver, porque detrás de cada cambio de percepción nos acercamos más a nuestro Creador. Así se cumple lo dicho: sentirnos hijos de nuestro bendito Padre.
Un dato a observar sería el estudio y comprensión de una octava, la cual se parte en dos, basada en sus polos opuestos, como un Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si.
En unas vamos hacia arriba, en otras hacia abajo. Comprender la manera de equilibrar esa bajada con estudio; de ésta manera sabremos cómo montarnos en la octava de manera adecuada, evitando las influencias o, más bien, haciéndonos conscientes de dicha experiencia a comprender y exprimir en contexto lo escrito en la Biblia, en Jeremías cap. 21, ver. 8, donde se nos insinúa la posibilidad de elección.
Seamos como Jesús, imitando su ejemplo. Cuán maravilloso es su Reino, pues hace su voluntad aquí en la tierra como en el cielo.
Recordando también lo escrito en Lucas 17:21: "El Reino de Dios está dentro de ustedes".
Así como también integrando en nuestro ser al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, haciendo así nuestra Santísima Trinidad.
Ejerciendo los tres cimientos: como reyes, como sacerdotes, así como el poder del Espíritu para con la materia, donde se desarrolla el molde necesario.
Seamos pensamiento para actuar ahí, en lo invisible.
Seamos el médico, aquel que salva el corazón del afligido.
Seamos el Espíritu, ordenando desde el micro hasta el macrocosmos,
siendo la imagen y semejanza de nuestro Padre en nosotros para con nuestro reino que es su Reino.
Tengamos un corazón donde no lo hay.
Tengamos una visión más allá de nosotros.
Tengamos un Espíritu con determinación hacia nuestro mundo.
Ahí donde hay día, tomemos el sol.
Ahí donde nace la noche, acariciemos la luna,
creando un hermoso atardecer dibujado con el caos del ayer.
Ahí donde la imaginación nace para crear nuestro mundo, usando la compasión como puente, pidiendo a nuestro Señor Jesucristo.
Ahí donde nace el poder tiene que nacer la voluntad de ayudar a quienes no lo tienen, haciendo de nuestro ser un equivalente a la justicia, así como al amor y la bondad que fluyen para quienes se atrevan a arrebatar el Reino de los Cielos.
Que las rosas florezcan en vuestra cruz.
ריימונדו